sábado, 24 de febrero de 2018



Eugenio Montale

Pequeño testamento





Pequeño testamento

Esto que por la noche refucila
en el casquete de mi pensamiento,
huella de caracol, madreperlácea,
o esmeriles de vidrio tritutado,
no es la lumbre de iglesia o de taller
que alimenta
clérigo rojo, o negro.
Tan sólo este iris
puedo dejarte como testimonio
de una fe combatida, una esperanza
que ardió más lenta
que un duro leño en el hogar.
Conserva su rubor en la polvera
cuando, apagada toda lámpara,
la sardana se volverá infernal
y un Lucifer sombrío
descenderá sobre una proa
del Támesis, del Hudson o del Sena,
sacudiendo las alas de betún
casi estropeadas de fatiga,
para decirte: ya es la hora.
No es una herencia, sino un amuleto
que puede resistir
a una embestida de monzones
sobre el hilo de araña del recuerdo,
pero una historia no perdura más
que en la ceniza, y persistencia
es sólo la extinción.
Justo era el signo: quien lo haya advertido
no puede equivocarse al encontrarte.
Reconoce a los suyos cada cual:
no era fuga el orgullo, no era vil
la humildad, y ese tenue resplandor
allá abajo, frotado, no era un fósforo.

Eugenio Montale

[Versión de P. A.
Córdoba-Ranchos, 22/23-II-18]

*

Piccolo testamento

Questo che a notte balugina
Nella calotta del mio pensiero,
traccia madreperlacea di lumaca
o smeriglio di vetro calpestato,
non è lume di chiesa o d’officina
che alimenti
chierico rosso, o nero.
Solo quest’iride posso
lasciarti a testimonianza
d’una fede che fu combattuta,
d’una speranza che bruciò più lenta
di un duro ceppo nel focolare.
Conservane la cipria nello specchietto
quando spenta ogni lampada
la sardana si farà infernale
e un ombroso Lucifero scenderà su una prora
del Tamigi, dell’Hudson, della Senna
scuotendo l’ali di bitume semi-
mozze dalla fatica, a dirti: è l’ora.
Non è un’eredità, un portafortuna
che può reggere all’urto dei monsoni
sul fil di ragno della memoria,
ma una storia non dura che nella cenere
e persistenza è solo l’estinzione.
Giusto era il segno: chi l’ha ravvisato
non può fallire nel ritrovarti.
Ognuno riconosce i suoi: l’orgoglio
non era fuga, l’umiltà non era
vile, il tenue bagliore strofinato
laggiù non era quello di un fiammifero.

Eugenio Montale

[De La bufera e altro,
Opera in versi, Einaudi, Turín, 1980]


miércoles, 31 de enero de 2018


Sergio Solmi

Sobre algunos viejos temas míos





Sobre algunos viejos temas míos

Una vez
era el chorro que el viento
dispersaba, veteado por todos los colores
del arco iris. Era
el árbol que reverdecía en la lluvia
de primavera, bajo el cielo a veces
nublado, a veces despejado,
azul o gris según hubiera
calma o tormenta.

Ahora el chorro
se ha extinguido, la rama
está seca, han caído
todas las hojas. Sobre el devastado
jardín exhala el hielo
del invierno, y la punta
de la espada ya toca el corazón.
Desde lo alto de la cima
del negro pino la corneja negra,
ronca, irónica, obscenamente ríe
sobre la ruina.

(Otoño 1972)

Sergio Solmi

[Versión de P. A.
Ranchos, 28-I-18]

*

Sopra alcuni miei vecchi temi

Una volta
era il getto sfrangiato
dal vento, screziato da tutti i colori
dell’arcobaleno. Era
l’albero che rinverdiva alla pioggia
di primavera, sotto il cielo volta
a volta rannuvolato e sereno,
azzurro o grigio secondo
calma o procella.

Ora il getto
si è spento, il ramo
è secco, sono cadute
tutte le foglie. Sul devastato
giardino spira
il gelo dell’inverno, e la punta
della spada sta toccando il cuore.
Dalla più alta
vetta del nero pino la nera
rauca cornacchia sguaiata ironica sghignazza
sul disastro.

(Autunno 1972)

Sergio Solmi

[De “Poesie inedite e sparse”,
en: Poesie, meditazioni e ricordi,
Adelphi, Milano, 1983]

domingo, 21 de enero de 2018


Sergio Solmi 

Los libros


Leonid Osipovich Pasternak, Junto a la ventana (1913)
  

Los libros

Se demora la mano, hacia el crepúsculo,
sobre objetos queridos, en la calma
habitación donde esta noche irrumpe,
innúmero, el murmullo de los siglos.
                                                           Palabras
en vilo más allá del tiempo, exactos ritmos
de blanco espacio, pausas que se abren
para aferrar la más flexuosa
de las ideas, agridulce olor
de tinta, desde el tiempo más lejano
soñados. 
               En mis años que declinan,
me rindo al fin a ustedes: sean ustedes
del largo laberinto ese recinto
último.
            Perseguirte, ya por juego,
página tras página, pensamiento
tras pensamiento, por cada meandro,
cada una de tus venas, hasta que
se extiendan ante el ojo tus antípodas,
tus irresueltos espejismos,
oh verdad imposible.
                                   En irisadas
imágenes de fábula aprehenderlos
de nuevo, detenidos, transformados 
en pura luz, sucesos, rostros, países, de este
confuso, oscuro, oblicuo, extenuante pasaje.

(1958)
                                             
Sergio Solmi  

[Versión de P. A.
Ranchos, 21-I-18]

*

I libri

Indugia nel crepuscolo la mano
sui cari oggetti, entro la queta stanza
dove sfocia stasera innumerevole
il murmure dei secoli.
                                    Parole
oltretempo sospese, esatti ritmi
di bianco spazio, pause schiuse a cogliere
la più flessuosa delle idee, dolci-acri
odor d’inchiostro, fil dal più lontano
tempo sognati.
                         A voi, nei miei calanti
anni alfine mi rendo, siate voi
del lungo labirinto la cintura
estrema.
               Perseguirti ormai per gioco
pagina dopo pagina, pensiero
dopo pensiero, lungo ogni meandro,
ogni tua vena, fin che all’occhio s’aprano
gli opposti irresoluti tuoi miraggi,
o verità impossibile.
                                 Entro pinte
immagini di favola riapprendervi,
fermati, assunti in pura luce, eventi,
volti, paesi, di questo confuso
oscuro, obliquo, stremante passaggio.

(1958)

Sergio Solmi

[De Dal balcone (1968), en:
Poesie, meditazioni e ricordi,
Adelphi, Milano, 1983]

martes, 16 de enero de 2018


Sergio Solmi

El silencio


Giorgio Morandi, La strada bianca



El silencio

Por la calle en bajada
que suavemente gira
y gira, ya no hay más
peatones, ni vehículos. Los últimos
pájaros, poco a poco, en la espesura
enmudecieron. Flota en el crepúsculo
la gran colina sobre el mar
desvanecido, casi inexistente.
En el mundo, desierto
al fin, tan sólo el eco que hacen nuestros
pasos resuena. Y es el solo indicio
del tiempo.

¿Del tiempo, o de los tiempos
que se mezclan en la hora
fuera del tiempo? ¿Y en la orilla
tardía de los años hoy resumen,
confunden en cuadrantes diferentes
alba y ocaso, juegos infantiles,
adolescentes estremecimientos,
aventura mortal
e imposible amor? ¿Es tal vez
que se da vuelta la clepsidra? ¿Es
todavía la Tierra,
o un remoto planeta,
feliz, deshabitado,                    
de Antares?

(1967)

Sergio Solmi

[Versión de P. A.
Ranchos, 15/16-I-18]

*

Il silenzio

Non più veicoli
sulla strada in discesa che dolce
volta e risvolta, né passanti. Gli ultimi
uccelli si sono
via via taciuti nel folto. Galleggia
nel crepuscolo il grande
colle sul mare
svanito quasi inesistente. Nel mondo
finalmente deserto soltanto
l’eco dei nostri passi risuona. È la sola
traccia del tempo.

Del tempo, o dei tempi
che nell’ora s’incrociano
fuori dal tempo? E sul tardo
lembo degli anni riassumono,
confondono su altri quadranti,
alba e tramonto, giochi
d’infanzia, brividi
d’adolescenza, avventura mortale
ed impossibile amore? È forse
la clessidra che si riversa? È ancora
la Terra, o un remoto, beato,
inabitato pianeta
di Antares?

(1967)

Sergio Solmi

[De Dal balcone (1968), en:
Poesie, meditazioni e ricordi,
Adelphi, Milano, 1983]

domingo, 14 de enero de 2018


Sergio Solmi

A la hija




Dice sobre estos versos Giovanni Pacchiano, quien cuidó la edición de las poesías completas de Sergio Solmi: “Solmi amaba inventar y contarles a sus dos hijos, Renato y Raffaella, de niños, fábulas maravillosas y extravagantes. Aquí se encuentra el eco de una de ellas, y de una enfermedad de la hija.” Me gustaría dedicar, a mi vez, esta versión del poema a mis propios hijos, Francisco, Irene y Mariana, en quienes pensaba mientras lo traducía.


A la hija

Cangrejo y Camarón marchaban. Era
la noche, radiante se extendía
el país de las Langostas.

Era la noche sin final, la espera
sofocada de la incorpórea mano
que te apretaba la garganta,
del aterrado brinco, del ojo dilatado,
el exorcismo de las grandes sombras
precipitándose, las que incubaba
la lámpara sepulta. Y, sin embargo,
los animales de la infancia aún
reían en lo oscuro, aún recorrían
de aire y de seda mares increíbles,
los reinos encantados
rotaban los colores,
auroras boreales sobre el hilo
de la aventura. Y, mano
en la mano, esperábamos el alba.

Ahora que con desgarro, consternada,
has cruzado el umbral, y veo tu imagen
alejarse empujada por el viento
de alta mar, y aturdido el corazón
te sigue (¿por extraños
parajes tal vez andarás, por donde
ya no podré seguirte?,
¿tal vez será humillada
la hermosa palma
que con orgullo sostenía en alto?),
daría toda esperanza, aún los últimos
fantasmas entrañables de la mente
haría arder en rápida fogata
para entibiar tus miembros,
alumbrarte el camino.

Pero que un día, al menos, cuando baje
la gran calma, que entonces pueda tenerte cerca.
Que el murmurante bosque en un susurro
vuelva a animarse del antiguo viento.
Que el tiempo se haga nuevamente fábula.
Escucha. A lo mejor la oscuridad
no es tan oscura al fin… Mira: penetra
como la aguja de una luz azul
en el bosque sombrío. Mira: ahí,
en la espesa maraña hay un fantasma
de agua loca, que ríe. Descendamos
por el rayo impalpable. Hay otro bosque,
hay otro cielo. Cautamente, al sesgo,
con sus patas torcidas,
Cangrejo y Camarón regresan
a la guarida de las comadrejas.
Reptando, a los purpúreos
torreones de los hongos
amanitas aún trepan los astrónomos
caracoles. Exhalan los estanques
luminiscentes el suave canto
de las ranas.
                     ¿Será un instante, apenas,
o lo eterno? Y qué importa, si tan sólo
vive el rapto indecible
del corazón, más fuerte
que toda falsedad, toda verdad,
más verdadero que lo efímero e inmortal,
el verdadero sueño de la fábula,
cuando, mano en la mano,
descenderé al antiguo paraíso,
me perderé en aquel dulce color del alba.

(1952)

Sergio Solmi

[Versión de P. A.
Ranchos, 13/14-I-18]

*

Alla figlia

Gambero e Granchio marciavano. Era
la notte, raggiante s’apriva
delle Cavallette il paese.

Era la notte senza fine, l’attesa
soffocata dell’incorporea mano
che ti stringeva alla gola, del balzo
atterrito, dell’occhio dilatato,
lo scongiuro delle grandi ombre crollanti
che la sepolta lampada covava.
Ma gli animali dell’infanzia ancora
ridevano nel buio, scorrevano
d’aria e di seta gli incredibili mari, i paesi
incantati ruotavano colori,
aurore boreali sopra il filo
dell’avventura. E, mano nella mano,
attendevamo l’alba.

Ora che con strazio, sgomenta,
hai varcato la soglia, e l’immagine
tua vedo allontanarsi
sospinta dal vento del largo,
e il cuore interdetto ti segue
(forse per stranie
contrade n’andrai, dove
non potrò più seguirti?
forse umiliata sarà
la bella palma
che in alto orgoglioso levavo?),
ogni speranza darei, fin gli estremi
cari fantasmi della mente in rapido
fuoco arderei, che ti scaldi
le membra, t’avvivi il cammino.

Ma un giorno almeno, quando scenderà
la grande calma, t’abbia appresso allora.
La brulicante foresta a un brusìo
s’animi dell’antico vento. Il tempo
torni favola. Ascolta. Forse il buio
non è poi così buio... Guarda: penetra
non più che l’ago d’una luce azzurra
entro l’oscurità del bosco. Guarda:
nel folto intrico ride un fantasma
d’acqua pazza. Scendiamo
lungo il raggio impalpabile. C’è un altro
bosco, c’è un altro cielo. Cauti a sghembo
sulle zampe distorte Granchio e Gambero
ritornano alla tana delle donnole.
Strisciando, alle purpuree
torri delle amaniti ancora montano
i lumaconi astronomi. Gli stagni
luminescenti esalano il soave
canto delle ranocchie.
                                    Sarà un attimo
o l’eterno? E che importa, se soltanto
vive il ratto indicibile del cuore
più forte d’ogni falso e d’ogni vero,
più vero d’ogni effimero e immortale,
vero sogno di favola, allorquando,
la mano nella mano,
scenderò nell’antico paradiso,
mi sperderò in quel dolce color d’alba.

(1952)

Sergio Solmi

[“Dal balcone” (1968), en:
“Poesie, meditazioni e ricordi”,
Adelphi, Milano, 1983]