martes, 16 de enero de 2018


Sergio Solmi

El silencio


Giorgio Morandi, La strada bianca



El silencio

Por la calle en bajada
que suavemente gira
y gira, ya no hay más
peatones, ni vehículos. Los últimos
pájaros, poco a poco, en la espesura
enmudecieron. Flota en el crepúsculo
la gran colina sobre el mar
desvanecido, casi inexistente.
En el mundo, desierto
al fin, tan sólo el eco que hacen nuestros
pasos resuena. Y es el solo indicio
del tiempo.

¿Del tiempo, o de los tiempos
que se mezclan en la hora
fuera del tiempo? ¿Y en la orilla
tardía de los años hoy resumen,
confunden en cuadrantes diferentes
alba y ocaso, juegos infantiles,
adolescentes estremecimientos,
aventura mortal
e imposible amor? ¿Es tal vez
que se da vuelta la clepsidra? ¿Es
todavía la Tierra,
o un remoto planeta,
feliz, deshabitado,                    
de Antares?

(1967)

Sergio Solmi

[Versión de P. A.
Ranchos, 15/16-I-18]

*

Il silenzio

Non più veicoli
sulla strada in discesa che dolce
volta e risvolta, né passanti. Gli ultimi
uccelli si sono
via via taciuti nel folto. Galleggia
nel crepuscolo il grande
colle sul mare
svanito quasi inesistente. Nel mondo
finalmente deserto soltanto
l’eco dei nostri passi risuona. È la sola
traccia del tempo.

Del tempo, o dei tempi
che nell’ora s’incrociano
fuori dal tempo? E sul tardo
lembo degli anni riassumono,
confondono su altri quadranti,
alba e tramonto, giochi
d’infanzia, brividi
d’adolescenza, avventura mortale
ed impossibile amore? È forse
la clessidra che si riversa? È ancora
la Terra, o un remoto, beato,
inabitato pianeta
di Antares?

(1967)

Sergio Solmi

[De Dal balcone (1968), en:
Poesie, meditazioni e ricordi,
Adelphi, Milano, 1983]

domingo, 14 de enero de 2018


Sergio Solmi

A la hija




Dice sobre estos versos Giovanni Pacchiano, quien cuidó la edición de las poesías completas de Sergio Solmi: “Solmi amaba inventar y contarles a sus dos hijos, Renato y Raffaella, de niños, fábulas maravillosas y extravagantes. Aquí se encuentra el eco de una de ellas, y de una enfermedad de la hija.” Me gustaría dedicar, a mi vez, esta versión del poema a mis propios hijos, Francisco, Irene y Mariana, en quienes pensaba mientras lo traducía.


A la hija

Cangrejo y Camarón marchaban. Era
la noche, radiante se extendía
el país de las Langostas.

Era la noche sin final, la espera
sofocada de la incorpórea mano
que te apretaba la garganta,
del aterrado brinco, del ojo dilatado,
el exorcismo de las grandes sombras
precipitándose, las que incubaba
la lámpara sepulta. Y, sin embargo,
los animales de la infancia aún
reían en lo oscuro, aún recorrían
de aire y de seda mares increíbles,
los reinos encantados
rotaban los colores,
auroras boreales sobre el hilo
de la aventura. Y, mano
en la mano, esperábamos el alba.

Ahora que con desgarro, consternada,
has cruzado el umbral, y veo tu imagen
alejarse empujada por el viento
de alta mar, y aturdido el corazón
te sigue (¿por extraños
parajes tal vez andarás, por donde
ya no podré seguirte?,
¿tal vez será humillada
la hermosa palma
que con orgullo sostenía en alto?),
daría toda esperanza, aún los últimos
fantasmas entrañables de la mente
haría arder en rápida fogata
para entibiar tus miembros,
alumbrarte el camino.

Pero que un día, al menos, cuando baje
la gran calma, que entonces pueda tenerte cerca.
Que el murmurante bosque en un susurro
vuelva a animarse del antiguo viento.
Que el tiempo se haga nuevamente fábula.
Escucha. A lo mejor la oscuridad
no es tan oscura al fin… Mira: penetra
como la aguja de una luz azul
en el bosque sombrío. Mira: ahí,
en la espesa maraña hay un fantasma
de agua loca, que ríe. Descendamos
por el rayo impalpable. Hay otro bosque,
hay otro cielo. Cautamente, al sesgo,
con sus patas torcidas,
Cangrejo y Camarón regresan
a la guarida de las comadrejas.
Reptando, a los purpúreos
torreones de los hongos
amanitas aún trepan los astrónomos
caracoles. Exhalan los estanques
luminiscentes el suave canto
de las ranas.
                     ¿Será un instante, apenas,
o lo eterno? Y qué importa, si tan sólo
vive el rapto indecible
del corazón, más fuerte
que toda falsedad, toda verdad,
más verdadero que lo efímero e inmortal,
el verdadero sueño de la fábula,
cuando, mano en la mano,
descenderé al antiguo paraíso,
me perderé en aquel dulce color del alba.

(1952)

Sergio Solmi

[Versión de P. A.
Ranchos, 13/14-I-18]

*

Alla figlia

Gambero e Granchio marciavano. Era
la notte, raggiante s’apriva
delle Cavallette il paese.

Era la notte senza fine, l’attesa
soffocata dell’incorporea mano
che ti stringeva alla gola, del balzo
atterrito, dell’occhio dilatato,
lo scongiuro delle grandi ombre crollanti
che la sepolta lampada covava.
Ma gli animali dell’infanzia ancora
ridevano nel buio, scorrevano
d’aria e di seta gli incredibili mari, i paesi
incantati ruotavano colori,
aurore boreali sopra il filo
dell’avventura. E, mano nella mano,
attendevamo l’alba.

Ora che con strazio, sgomenta,
hai varcato la soglia, e l’immagine
tua vedo allontanarsi
sospinta dal vento del largo,
e il cuore interdetto ti segue
(forse per stranie
contrade n’andrai, dove
non potrò più seguirti?
forse umiliata sarà
la bella palma
che in alto orgoglioso levavo?),
ogni speranza darei, fin gli estremi
cari fantasmi della mente in rapido
fuoco arderei, che ti scaldi
le membra, t’avvivi il cammino.

Ma un giorno almeno, quando scenderà
la grande calma, t’abbia appresso allora.
La brulicante foresta a un brusìo
s’animi dell’antico vento. Il tempo
torni favola. Ascolta. Forse il buio
non è poi così buio... Guarda: penetra
non più che l’ago d’una luce azzurra
entro l’oscurità del bosco. Guarda:
nel folto intrico ride un fantasma
d’acqua pazza. Scendiamo
lungo il raggio impalpabile. C’è un altro
bosco, c’è un altro cielo. Cauti a sghembo
sulle zampe distorte Granchio e Gambero
ritornano alla tana delle donnole.
Strisciando, alle purpuree
torri delle amaniti ancora montano
i lumaconi astronomi. Gli stagni
luminescenti esalano il soave
canto delle ranocchie.
                                    Sarà un attimo
o l’eterno? E che importa, se soltanto
vive il ratto indicibile del cuore
più forte d’ogni falso e d’ogni vero,
più vero d’ogni effimero e immortale,
vero sogno di favola, allorquando,
la mano nella mano,
scenderò nell’antico paradiso,
mi sperderò in quel dolce color d’alba.

(1952)

Sergio Solmi

[“Dal balcone” (1968), en:
“Poesie, meditazioni e ricordi”,
Adelphi, Milano, 1983]

sábado, 6 de enero de 2018


Sergio Solmi

Arte poética





Arte poética

Suspirada palabra, que llegaste
a mí, al fin, me has tomado
en un momento de desatención,
e imprevista te quieres, no buscada,
huidiza al gesto raro, a la medida
exorbitante. Ribeteada de una
línea de mar, henchida en nube, como
paloma te debates, en lo alto
brotas del simple aliento de la voz,
de la mano indolente que te escande,
y urges ―trémula cosa entre las cosas―
a que te haga un lugar en esta cálida,
tornasolada, precisa existencia.

(1950)

Sergio Solmi

[Versión de P. A.
Villa Dolores, 07-I-18]

*

Arte poetica

Sospirata parola, che alla fine
mi sei giunta, m’hai colto
in un momento di disattenzione,
e ti vuoi improvvisa, non cercata,
sfuggente al gesto raro, alla misura
esorbitante. D’una riga t’orli
di mare, gonfi in nube, ti dibatti
come colomba, sorgi in cima al semplice
respiro della voce, all’indolente
mano che ti scandisce, ed urgi ― trepida
cosa tra cose ― a collocarti in questa
calda, screziata, precisa esistenza.

(1950)

Sergio Solmi

[De Dal balcone (1968), en:
Poesie, meditazioni e ricordi,
Adelphi, Milano, 1983]

jueves, 4 de enero de 2018


Sergio Solmi

Alassio, marzo


Alassio


Alassio, marzo

Salías a la calle en los días de viento
arrebujada en el abrigo rústico,
el rostro envuelto en el pañuelo,
como las viejas alasinas.
Todavía a la vuelta de los años
el ojo aún se empeña en engañarse,
en descubrir en otros la figura
sabida, por la cual el corazón
con el dolor antiguo se estremece.
La ráfaga del viento tramontano
fuerza estériles olas, y trastorna
la primavera incierta. Por tan leve,
por tan ínfimo error en el espacio
y en el tiempo, y aún estarías aquí.

(1958)

Sergio Solmi

[Versión de P. A.
Villa Dolores, 03-I-18]

*

Alassio, marzo

Uscivi nei giorni di vento
infagottata nel rude cappotto, abbassato
il fazzoletto sul viso,
come le vecchie alassine. Alle svolte
dopo tanti anni, ancora
l’occhio s’ostina a ingannarsi, a sorprendere
in altre la nota figura, onde il cuore
al duolo antico trasalga. La raffica
del tramontano violenta
lo sterile mare, sconvolge
la primavera malcerta. Un sì lieve,
un sì trascurabile errore di spazio
e di tempo, e saresti ancora qui.

(1958)

Sergio Solmi

[De Dal balcone (1968), en:
Poesie, meditazioni e ricordi,
Adelphi, Milano, 1983]


Sergio Solmi

El último ángel

(Dos versiones)





Versión I

El último ángel

                                           
                                           “Hacen, además, de los Ángeles, que son servidores
                                           del Muy Misericordioso, seres femeninos. 
                                           ¿Han sido testigos de su creación?”

                                                                                             Corán, Sûra XLIII


De noche,
con la primera luz del alba, ad diluculum,
al sol del mediodía, en el crepúsculo,
con los ojos abiertos, los ojos entornados,
en sueños o en vigilia, Ángel rubio,
Ángel blanco, te hablo, te hablo tanto, la cara
oculta entre tus rodillas, que abrazo
perdidamente.

De noche,
cuando el sol último ya no es
más que un destello, cuando las estrellas
una a una se encienden, tú desciendes,
y en el reparo de tus grandes alas
de tiniebla, plegadas adelante,
sobre tu falda la cabeza
reclino, oh tú el más dulce, más suave de los Ángeles,
Ángel Negro.

(1972)

Sergio Solmi


*


Versión II

El último ángel


                                           “Hacen, además, de los Ángeles, que son servidores
                                           del Muy Misericordioso, seres femeninos. 
                                           ¿Han sido testigos de su creación?”

                                                                                             Corán, Sûra XLIII



De noche,
con la primera luz del alba, ad diluculum, al sol
del mediodía, en el crepúsculo, con los ojos
abiertos, con los ojos entornados, en sueños
o en vela, Ángel rubio, Ángel blanco,
te hablo, te hablo tanto, la cara
escondida entre tus rodillas, que abrazo
perdidamente.

De noche,
cuando el último sol ya no es
más que un destello, cuando las estrellas
una a una se encienden, tú desciendes, y al reparo
de tus grandes alas de tiniebla, hacia adelante
replegadas, sobre tu falda reclino
la cabeza, oh tú el más dulce, el más suave de los Ángeles,
Ángel Negro.

(1972)

Sergio Solmi

[Versiones de P. A.
Villa Dolores, 04-I-18]


*


L’ultimo angelo

“Fanno, inoltre, degli Angeli,
i quali sono servi del Misericordioso,
delle femmine. Furono essi presenti
alla loro creazione?”

Corano, Sûra XLIII


Di notte,
sulla prim’alba, ad diluculum, al sole
di mezzogiorno, al crepuscolo, ad occhi
aperti, ad occhi socchiusi, in sogno
o in veglia, Angelo biondo, Angelo bianco,
ti parlo, ti straparlo, la faccia
nascondo fra le tu ginocchia, che avvinghio
perdutamente.

Di notte,
quando l’ultimo sole non è
più che un barlume, le stelle
una per una si accendono, tu scendi, e al riparo
delle tue grande ali di tenebra, in avanti
ripiegate, sul tuo grembo reclino
il capo, o tu il più dolce, il più soave degli Angeli,
Angelo Nero.

(1972)

Sergio Solmi


[Último poema de “La rosa gelata”, 
a su vez sección final de las
Poesie complete, Adelphi, Milano, 1974]